10/11/22

LA 'GASA DE LOS DIOSES': UN PAPEL DIVINO

Aunque a lo largo de la historia se han utilizado muchos soportes de escritura, en la actualidad hay uno que se ha impuesto a los demás: el papel. Un producto de origen chino en cuya fabricación se han usado como materias primas desde trapos hasta plantas, siendo esto último lo que sucede en el caso del papel de médula.

Mal llamado papel de arroz por los occidentales, el papel de médula no procede de este cereal sino de Tetrapanax papyrifer (Hook.) K.Koch., un arbusto perenne originario del sur de China y norte de Taiwán que vive en zonas cálidas, húmedas y de escasa altitud. Perteneciente a la familia botánica de las araliáceas, esta planta es conocida comúnmente como tung-tsao (literalmente, 'planta hueca'), tongcao, toong-tsao, tongtuomu o bok-shung.

 


Litografía que muestra el tongcao (Hooker, 1852).


Parece ser que la primera mención al papel de médula data de la Dinastía Tsin (265-420 d.C). Sin embargo, se cree que su producción en masa no empezó hasta aproximadamente mil cien años después. En cualquier caso, eran los aborígenes los que se encargaban de recoger el tongcao cuando todavía era joven. Esta operación podía llevarse a cabo en cualquier época del año y suponía una importante fuente de ingresos para los recolectores, que vendían sus cosechas a los fabricantes de papel.

Una vez en las fábricas, los tallos y ramas más gruesos se limpiaban de las hojas y ramas de menor tamaño, cortándose después en pequeños fragmentos que se ponían a remojo en agua. Así se facilitaba la extracción de la médula. Es decir, de la masa esponjosa y blancuzca que forma un cilindro en la parte central del tongcao y que, una vez sacada, se secaba al sol para evitar que amarilleara.

 


Muestras de médula (Crespo, 2019).


El siguiente paso en la elaboración del papel de médula era el corte. Este se realizaba colocando el cilindro sobre una superficie dura y haciéndolo girar a mano y a lo largo contra la hoja fina y bien afilada de un cuchillo especial. De esta forma se obtenía una lámina delgada y continua de un material que, antes de ser utilizado, se prensaba y recortaba (para darle el tamaño deseado) y que no puede llamarse papel en sentido estricto. Lo cual se debe a que, como hemos explicado, no procedía de pastas de fibras vegetales maceradas.

 


Ilustración que representa a un hombre cortando médula (Hooker, 1852).

El papel de médula se ha usado para hacer flores ornamentales y apósitos, para rellenar almohadones o, colocado en el fondo de los ataúdes, para absorber los fluidos producidos durante el proceso de descomposición. Pero también, como soporte para cierto tipo de pinturas que, debido a su interés documental, merecen ser tratadas aparte.

A principios del s. XIX Cantón era el único puerto chino abierto a los viajeros y comerciantes europeos y estadounidenses. Estos, cada vez más numerosos, empezaron a demandar pequeños souvenirs fácilmente transportables y baratos que, a modo de postales o fotografías, les permitieran mostrar en sus casas lo que se habían encontrado. Fue así como se pusieron de moda las pinturas sobre médula. Encantadores cuadritos elaborados ex profeso para la exportación, que tenían por soporte un producto local muy abundante.

Las pinturas sobre médula podían ejecutarse con acuarelas o gouaches (témperas)[1], aunque empleando siempre la misma técnica. Esta consistía en aplicar los pigmentos con pinceles, combinando pinceladas ligeras con otras más densas, hasta conseguir los efectos de transparencia, opacidad y relieve que caracterizan estas representaciones. Efectos a los que no eran ajenas las características de su soporte, pues la superficie de este material es marfileña, translúcida y aterciopelada. Por otro lado, como estos cuadros se hacían en serie (de ahí el parecido que se observa entre algunos de ellos), solía recurrirse a plantillas o a la xilografía para trazar los contornos de las figuras que luego se coloreaban.

 

Detalles de pinturas al gouache en las que se aprecia el uso del blanco de plomo (Crespo, 2019).


Las pinturas para exportación procedían de talleres o estudios donde cada artesano se especializaba en una de las fases de su proceso de producción[2]. Algunos de estos talleres fueron dirigidos por reputados artistas. Tales son los casos de Tingqua (1809-1870), famoso por sus retratos y naturalezas muertas, y Sunqua, conocido por sus barcos y escenas portuarias y contemporáneo del anterior (ambos desarrollaron su actividad entre 1830 y 1870). En cuanto a Youqua, este fue muy apreciado por sus paisajes, bodegones y vistas de puertos, tuvo estudios en Cantón y Hong Kong y se mantuvo activo entre 1840 y 1870.

 


El estudio de Tingqua. Artista y año desconocidos (Yaron, 2020).



Fábricas en Cantón. Youqua, año desconocido. Fuente: The Fitzwilliam Museum.


Las pinturas sobre médula se vendían montadas en álbumes encuadernados en seda. En ellos, las láminas se pegaban a las páginas por las esquinas para después ser ribeteadas con una cinta de papel o seda de color. Normalmente, cada uno de estos libros estaba dedicado a un solo tema. Por ejemplo, a escenas de la vida cotidiana (actividades comerciales; escenas portuarias, ceremoniales y cortesanas; festividades; representaciones teatrales; torturas) o de tipo naturalístico (con aves, insectos o flores).

El mercado de las pinturas para exportación tuvo su auge entre 1820-1860, siendo las postales y fotografías las responsables de su declive. Aun así, estas representaciones no desaparecerían hasta la proclamación de la República Popular China (1949), época en la que todavía se producían en Pekín, Shanghái y Hong Kong.

En la actualidad hay un creciente interés por las pinturas sobre médula. Tanto en Europa, Estados Unidos y Australia, lugares donde se encuentran las mayores colecciones de ellas, como en China. País del que son originarias pero que, paradójicamente, las ha despreciado durante mucho tiempo al no considerarlas auténticas manifestaciones de su tradición artística. De ahí que sus museos y bibliotecas hayan tardado en enfrentarse a los retos que supone la conservación de este tipo de obras. Por un lado, porque con el paso de los años se decoloran. Y por el otro, porque pese a su hidrofilia tienden a la deshidratación y pérdida de flexibilidad, con lo que son muy frágiles.

 


Caring for the Library’s Chinese pith paintings.


Aunque, como ya hemos indicado, las pinturas sobre médula dejaron de producirse a finales de los años cuarenta, su soporte siguió fabricándose en grandes cantidades hasta los sesenta. Fue entonces cuando, al ser gradualmente reemplazado por el plástico y el papel de pulpa de madera, estuvo a punto de desaparecer. Lo cual hubiera sucedido de no haber sido por las recientes iniciativas, tanto populares como académicas, cuyo objetivo es recuperar el arte de la fabricación de un material que por su belleza ha sido conocido como Poo-le-cho ('gasa de los dioses').


NOTAS

[1] Los gouaches se diferencian de las acuarelas, que también son pinturas al agua, en que en su composición se incluyen aguagoma, pura o mezclada con melaza o miel, y pigmentos blancos. De ahí que sus colores sean más vivos.

[2] Este tipo de representaciones rara vez se firmaban. Como mucho se marcaban con el sello del taller donde se produjeron.


BIBLIOGRAFÍA

ÁLVAREZ, B. T. (2022). La 'gasa de los dioses', un papel divino. Ecos de Asia.

CRESPO, L. (2019). Conservación de pinturas chinas ‘a la aguada’ o ‘gouache’ del Departamento de Bellas Artes y Cartografía. Origen de las pinturas chinas ‘a la aguada’ para exportación. El blog de la BNE.

DECESARE, L. (2011). The pith paper collections of Harvard University Botany Libraries. The Botanical Artist 2(17): 13.

HOOKER, W. J. (1850). Chinese rice paper. Hooker's journal of botany and Kew Garden miscellany 2: 250-253.

HOOKER, W. J. (1852). On the Chinese rice paperHooker’s journal of botany and Kew Garden miscellany 4: 50-54.

NATIONAL LIBRARY of AUSTRALIA (2017). The Chinese pith painting collection at the National Library of Australia: an annotated guide. National Library of Australia. Canberra.

NESBITT, M., R. PROSSER & I. WILLIAMS (2010). Rice paper -‘Tetrapanax papyrifer’: the Gauze of the Gods and its products. Curtis’s Botanical Magazine 1(27): 71-92.

YARON, E (2020). The many versions of the painting of Tingqua’s studio: painting copying and originality in nineteenth-century CantonHumanities and Social Sciences Communications 7.

YI-CHUN, C. & S. HSIAO (2018). Pith paper studio opens in Hsinchu. Taipei Times: 4.

9/11/22

EL PAPEL 'WASHI': UN DERIVADO VEGETAL PATRIMONIO CULTURAL DE LA HUMANIDAD

Muy bello, el washi es el papel tradicional japonés. Para fabricarlo, cosa que se hace manualmente, se suelen utilizar como materias primas una serie de plantas nativas de Oriente. Principalmente, el kōzo o morera papelera [nombre científico: Broussonetia papyrifera (L.) Vent; originario del Japón y muy cultivado, este árbol da fibras largas, de entre 5 y 20 mm, y fáciles de manipular], la mitsumata (Edgeworthia chrysantha Lindl.), que fue introducida en el país nipón desde China, y el ganpi (Wikstroemia sikokiana Franch. & Sav.). Estas plantas proporcionan respectivamente el choshi, el mitsumatagami y el ganpishi, el cual siempre ha sido elaborado en pequeñas cantidades debido a que procede de un vegetal silvestre.


Kôzo. Fuente: Sims (1823).


Mitsumata. Fuente: Hooker (1891).


Ganpi.  Autor: Hamachidori. Fuente: Wikimedia Commons.


Aunque todos los tipos de washi tienen en común su color natural (de blanco a marfileño) y el ser finos pero duraderos[1] y muy resistentes a los ataques físicoquímicos, cada uno de ellos posee sus propias características. Así, mientras que el choshi (el papel artesanal japonés por excelencia) llama la atención por su especial resistencia, el mitsumatagami se conoce por su suavidad y flexibilidad. En cuanto al ganpishi, este washi, que destaca por su gran calidad, es translúcido, satinado y muy resistente a los insectos.



Muestras de choshi (izquierda), mitsumatagami (centro) y ganpishi (derecha). Desgraciadamente, las digitalizaciones (de la autora) no hacen honor a la belleza de los papeles.


A la hora de elaborar las distintas variedades de washi, labor dura donde las haya, se sigue un proceso que es básicamente el mismo en todo Japón. Para empezar se recolectan, tras escogerlas con cuidado, ramas de las correspondientes plantas madre. Después estas ramas se descortezarán y a continuación se hervirán. La masa de fibras blancuzcas resultante de la operación anterior se lavará minuciosamente y se mezclará con agua fría y neri, sustancia aglutinante procedente de la raíz de una planta conocida como tororo-aoi [Abelmoschus manihot (L.) Medik.]. Así se obtendrá una pasta de textura ligera y homogénea que se filtrará mediante el sukisu. Un panel-escurridor hecho con varitas de bambú que se encaja en un bastidor de madera llamado sukigeta, cuyo tamaño limitará las dimensiones de las hojas de washi. El sukigeta se moverá de tal forma que las fibras vegetales que atrape el sukisu (cuanto más largas sean estas fibras y mejor enredadas queden en el sukisu más fuerte será el papel) se distribuyan homogéneamente por toda la superficie del mismo. Gracias a la operación de captura-movimiento (nagashi-suki) que acabamos de describir se obtendrán las hojas de washi que, cuando alcancen el grosor deseado, se retirarán del sukisu para ser prensadas y secadas junto con otras.




Fase final del proceso de elaboración del washi. Autor: Nakagita Yoshiaki. Fuente: Wikimedia Commons.


Al parecer, Japón empezó a fabricar papel a principios del s. VII, siguiendo para ello un método importado de China. Con el tiempo (hacia los ss. VIII-IX) este procedimiento sería reemplazado por el ya mencionado nagashi-suki. Un método de elaboración de papel genuinamente japonés.
 
Al principio el washi se utilizó como soporte de escritura. Ahora bien, con el tiempo este papel empezó a ser usado además en bellas artes, para pintar y grabar (concretamente, las famosas xilografías ukiyo-e), y para hacer origami (papiroflexia). Y también, en interiorismo (con él se fabrican puertas correderas, tabiques, biombos, lámparas, ...) y para la elaboración de multitud de artículos de uso cotidiano, como vasijas, billetes, cordones ornamentales, juguetes, abanicos y paipáis, sombrillas y paraguas, ropa, etc. Como resultado de esto, el washi acabó por convertirse en un elemento imprescindible para la vida diaria de los japoneses y los talleres dedicados a su producción, que en un principio se concentraron en el centro de Japón, se extendieron por todo el país. Especialmente durante los ss. XV y XVI, cuando los gobernantes nipones incentivaron su creación debido a los beneficios económicos que la fabricación del washi generaba.
 


El genuino papel de origami es el chiyogami. Un tipo de choshi que se estampa a mano mediante serigrafía (estarcido a través de una tela, en principio de seda) con motivos que muchas veces imitan los de los kimonos. Por eso resulta tan llamativo que, en ocasiones, se utiliza como papel de regalo. A la izquierda, cuatro muestras de chiyogami. A la derecha, bonito elefante elaborado con uno de ellos por Raquel Álvarez Arias, especialista en papiroflexia. Digitalizaciones y fotografía de la autora.


En la actualidad, el washi ha encontrado nuevas aplicaciones. Ejemplos de ello son las cintas adhesivas decoradas. Un material, últimamente muy de moda, que se usa para hacer manualidades y artículos de papelería. Fotografías de la autora.


El período Edo (1603-1868) puede ser considerado la edad de oro del papel artesanal japonés. No así el Meiji (1868-1912), pues al comenzar esta etapa de la historia de Japón el washi[2] empezó a ser sustituido por el youshi, el papel occidental. Un material que, aunque de peor calidad que el washi[3], era más barato y encajaba mejor que este con el nuevo estilo de vida adoptado por los nipones.
 
Afortunadamente, y gracias a personas como Yanagi Sōetsu, teórico del Mingei[4], el papel tradicional japonés no desapareció sino que llegó a ser tan apreciado por su belleza que en 1969 fue declarado bien de interés cultural por el gobierno nipón, siéndole concedidos apoyo y protección oficial. Algo que probablemente influyó en que la UNESCO (United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization; Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) empezara a interesarse tanto por el washi en sí mismo como por el conjunto de prácticas, costumbres y técnicas implicadas en su fabricación. Lo cual tuvo como consecuencia que en 2014 la organización incluyera tres tipos de choshi[5] en su Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, reconociendo así la importancia de un arte tradicional ligado a la botánica.
 
 
NOTAS
 
[1] Tanto es así que en el Shōsō-in (Casa del Tesoro) perteneciente al complejo del templo budista de Tōdai-ji (Nara, Japón) todavía se conservan registros familiares que fueron escritos sobre washi a principios del siglo VIII.

[2] La palabra washi, que significa literalmente papel japonés, comenzó a usarse a principios del período Meiji para diferenciar este material del youshi.

[3] La fabricación del papel occidental, que tiene como base la pulpa de madera, es un proceso de alto rendimiento que implica la utilización de máquinas y productos químicos agresivos. Solo así es posible conseguir un buen aprovechamiento de la materia prima del papel, pero a cambio esta resulta dañada. Con lo cual el producto final es poco resistente. Por eso se deshace rápidamente cuanto entra en contacto con el agua, se rasga y quema con gran facilidad y con el tiempo se vuelve amarillento y quebradizo.

[4] El Mingei fue un movimiento artístico japonés que, desarrollado durante los años 20 y 30 del s. XX, surgió como respuesta a la industrialización de la sociedad nipona. Yanagi apreciaba especialmente el ganpishi elaborado por Abe Eishiro, famoso maestro papelero.

[5] Estos papeles son el honminoshi (el mejor choshi), de la ciudad de Mino (prefectura de Gifu); el sekishūbanshi, del barrio de Misumi-cho (ciudad de Hamada, prefectura de Shimane) y el hosokawashi, de los municipios de Higashi-chichibu y Ogawa (prefectura de Saitama). Todos ellos tienen en común que se van blanqueando gradualmente cuando se exponen a la luz solar.
 

BIBLIOGRAFÍA
 
 
HOOKER, J.D. (1891). 'Edgeworthia' GardneriCurtis’s Botanical Magazine  117: 7180.

 
SIMS, J. (1823). 'Broussonetia papyrifera'. Paper-mulberry treeCurtis’s Botanical Magazine 50: 2358.

El 'washi', arte tradicional de fabricación manual de papel japonés. Patrimonio Cultural de la Humanidad, UNESCO.
 

LAS FLORES DEL MUNDO FLOTANTE: LOS 'CIEN CRISANTEMOS' DE HASEGAWA KEIKA

Reciben el poético nombre de ukiyo-e (imágenes del mundo flotante, ilusorio, efímero o fugaz) las pinturas y, sobre todo, las xilografías (impresiones realizadas mediante la técnica del grabado en madera) que producidas en Japón entre los siglos XVII y XX representan escenas de muy diversa temática. Así, junto a las que muestran los entretenimientos que ofrecían las grandes urbes niponas (combates de sumo, representaciones de teatro kabuki, visitas a las eufemísticamente llamadas casas de placer) nos han llegado otras de contenido sexual (abuna-e y shunga). Y también otras de tipo literario, mitológico, histórico, paisajístico y naturalístico.

Durante siglos la naturaleza ha sido una importante fuente de inspiración para los artistas japoneses, en general, y para los especialistas en el ukiyo-e, en particular. Estos últimos cultivaron desde principios del s. XVII y por influencia china el género del kachō-e. Denominación esta que se presta a engaño pues significa literalmente pinturas de flores y pájaros y, a poco observadores que seamos, en seguida nos damos cuenta de que los kachō-e no solo muestran imágenes de órganos reproductores vegetales y de aves (los cuales, por cierto, no siempre aparecen juntos). De hecho, dentro de este género se incluyen también las representaciones de árboles y hierbas en flor (kaboku y caqui, respectivamente), de follaje (soka), de plantas e insectos (shochu) y de algas marinas y peces (sögyo). En cualquier caso los kachō-e:

' ... no son solo representaciones ... sino que tienen una dimensión espiritual. Los artistas intentan mostrar [en ellos] el alma de las cosas y trasmitir de modo sutil y delicado la fugacidad de las estaciones, los cambios de la naturaleza y su eterno ciclo' (Bujalance, 2013).

A lo largo de la historia del ukiyo-e muchos artistas crearon obras maestras del kachō-e. Ahora bien, hubo que esperar hasta la era Meiji (1868-1912) para que las innovaciones xilográficas y el creciente interés de Japón por la ciencia occidental posibilitaran la producción de grandes tiradas de bellas y realistas imágenes de temática naturalística. Imágenes que a veces eran recogidas en los llamados ehon o libros de ilustraciones, ejemplos de los cuales son los tres volúmenes (al parecer, en principio iban a ser cuatro) integrantes de la serie titulada:

Keika Hyakugiku.

Es decir:

Cien crisantemos.

Cuyo autor fue Hasegawa Keika.

De la obra del maestro Hasegawa existen dos ediciones, las cuales son muy similares. La primera de ellas fue impresa por encargo de Yamada Naosaburo y Tanaka Jihei, dos editores de Kioto, y data de 1893. La segunda se publicó en 1904. En cualquier caso ambas recogen las mismas imágenes y los mismos textos en japonés, habiendo sido confeccionadas con hojas de papel washi[1] de color crema y unos 35 cm de alto x 23 cm de ancho. Y también ambas presentan tapa blanda y encuadernación cosida con torzal. Un tipo de hilo más grueso de lo normal que en este caso es de seda de un tono purpúreo.




Independientemente de su formato (predominan las que ocupan una sola página), todas las ilustraciones del Keika Hyakugyku llaman la atención por su delicado colorido y la elegancia con la que reflejan la belleza de algunas de las numerosas variedades de crisantemos cultivadas en el Japón de finales del s. XIX y principios del XX. Variedades que aparecen representadas junto a sus correspondientes nombres escritos en caracteres kanji[2].






Los crisantemos (Chrysantemum spp. desde el punto de vista botánico) no serían introducidos en el País del Sol Naciente hasta el siglo VIII d.C. Una fecha más bien tardía si se tiene en cuenta que en China, la nación que las exportó, estas plantas ornamentales ya eran cultivadas ¡en el s. XV a.C.!.

Tras su llegada a Japón los crisantemos recibieron el bonito nombre de kiku y muy pronto cautivaron con su encanto a los refinados nipones. De hecho, hasta tal punto esto fue así que el mismísimo Emperador adoptaría una de estas flores como símbolo de su casa y de su trono.

Hoy en día el crisantemo sigue siendo tan apreciado por los japoneses que todos los años celebran en su honor el Festival de la Felicidad. Un hermoso homenaje para una flor que fue inmortalizada magistralmente por uno de los grandes del kachō-e.


NOTAS

[1] El washi es un tipo de papel muy fino que se fabrica en Japón a mano a partir de fibras vegetales.

[2] La palabra 'kanji' significa carácter chino: los antiguos japoneses no tenían un idioma escrito, así que adaptaron a su lenguaje oral los caracteres chinos que llegaban a través de emisarios, comerciantes, monjes coreanos, ... El japonés moderno usa tres formas de escrituras simultáneas: los 'kanji', con significado para las raíces de palabras; un silabario redondeado llamado 'hiragana', femenino en su origen y usado para terminaciones gramaticales; y otro silabario anguloso, el 'katakana', usado básicamente para extranjerismos y onomatopeyas (Lapidario, 2014).


BIBLIOGRAFÍA

ÁLVAREZ, B.T (2018). Las flores del mundo flotante. C2 Ciencia y Cultura.
 

BOYD, J. (1994). Ukiyo-e.

 
HARRIS, F. (2010). ‘Ukiyo-e' : the art of the Japanese print. Tuttle Publishing. Tokyo, Rutland, Vermont.
 
LAPIDARIO, J. (2014). ‘Kanji’: la belleza de la escritura. Jot Down Cultural Magazine.
 

MOA (MUSEUM of ANTROPOLOGY) (2017). 'Keika Hyakugiku', Vol. 1.


ILUSTRACIONES

Las imágenes que ilustran este entrada pertenecen al ejemplar del Keika Hyakugiku, Vol. 3 depositado en la Biblioteca de la ETSI Caminos, Canales y Puertos de la UPM (Universidad Politécnica de Madrid). Fuente: Colección Digital Politécnica.

'LA SAETA'

¿Quién me presta una escalera,

para subir al madero,

para quitarle los clavos

a Jesús el 'Nazareno'?.

Saeta popular.


En La saeta, uno de sus poemas más conocidos, Antonio Machado rechaza explícitamente esa manera tan morbosa de sentir y vivir la fe que uno asocia inevitablemente a Andalucía. Lo cual no ha impedido que esta composición se haya convertido, musicalizada por Joan Manuel Serrat, en una especie de himno oficial de la Semana Santa sevillana. En cualquier caso, y creencias religiosas aparte, lo que no se puede negar es que La Saeta es, en cierto modo, un hermoso homenaje que Don Antonio rinde a las gentes y tradiciones de su tierra.

'¡Oh, la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos,
siempre por desenclavar!.

¡Cantar del pueblo andaluz,
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!.

¡Cantar de la tierra mía
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!.

¡Oh, no eres tú mi cantar!.
¡No puedo cantar ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en la mar!'.




Detalle de la portada de La Esfera (año XVI, Nº 691, 2 abril 1927) en la que se informa de la entrada de Antonio Machado en la Academia Española. Fuente: BVPH (Biblioteca Virtual de Prensa Histórica).


BIBLIOGRAFÍA

ÁLVAREZ, B. (2015). La saeta. Sinololeonolocreo.

'POSESIÓN': CUANDO CONOCER SE CONVIERTE EN OBSESIÓN

'Volvió a leer las cartas ... Roland sintió que le embargaba un impulso propio, extraño y desusado en él. De repente era imposible volver a meter aquellas palabras vivas en la página 300 de Vico y devolverlas a la caja 5'.






Además de escritora, la británica Antonia Susan Drabble, más conocida como A. S. Byatt, es una prestigiosa especialista en literatura inglesa. De ahí que no deba extrañarnos que sus obras de ficción estén plagadas de referencias eruditas. Ni tampoco, que muchos de sus relatos y novelas transcurran en ambientes artísticos y/o académicos. Cosa esta que sucede con Posesión (1990), Premio Booker 1990.
 
Obsesionado con la obra del insigne poeta victoriano Randolph Henry Ash, Roland Michell es un joven investigador que no pasa por su mejor momento. En parte porque tiene problemas con su novia, que es la persona que lo mantiene. Y en parte por sus tribulaciones laborales, pues se ve obligado a trabajar en condiciones precarias bajo las órdenes de un jefe que lo infravalora y desmotiva.

Cierto día que se halla en la Biblioteca Londinense, Roland encuentra entre las páginas de un libro que perteneció a Ash los borradores inconclusos de dos cartas dirigidas a una 'apreciada señora'. Sorprendido por el tono en el que fueron redactados ambos escritos, el desencantado doctor se percata en seguida de que el destino ha puesto en sus manos algo muy importante. Por eso, presa de una especie de locura, olvida su natural prudencia y roba los papeles.

Las investigaciones de Roland le llevan a identificar a la dama de Ash con Christabel LaMotte. Una casi desconocida poetisa idolatrada por feministas y lesbianas quienes, en base a sesgados estudios sobre su vida y obra, la ven como una precursora de sus respectivas causas.

El nuevo hallazgo de Roland le obligará a colaborar con Maud Bailey, especialista en la figura de LaMotte. Junto a ella terminará obsesionándose con sus investigaciones, haciendo finalmente un descubrimiento impactante.

Tan voluminosa como excelente, Posesión es una novela de carácter metaliterario, densa y estructuralmente muy compleja. Lo cual se debe a que sus múltiples tramas argumentales se interconectan mediante numerosos diarios, cartas, poesías, cuentos, citas, ensayos ... , frutos todos ellos de la prodigiosa imaginación y la meticulosa labor de documentación de la autora. Verdadera alquimista del lenguaje que, dicho sea de paso, no duda en ironizar sobre la sorprendente (para algunos) competitividad propia del mundillo académico.

En lo que a los personajes de Posesión respectahay que decir que si uno destaca sobre los demás ese es el fascinante Randolph Henry Ash. Hombre polifacético y sabio, tan contradictorio como la época en la que le toca vivir, que busca en el estudio de la naturaleza la manera de dar respuesta a las dudas que pese a su racionalismo le atormentan.


BIBLIOGRAFÍA

ÁLVAREZ, B. (2014). Cuando conocer se convierte en obsesión. Sinololeonolocreo.

'SOY VERTICAL, PERO PREFERIRÍA SER HORIZONTAL', DE SYLVIA PLATH

Aunque también cultivó la prosa, Sylvia Plath es conocida sobre todo por sus poemas. Composiciones intensas y descarnadas, con un marcado componente autobiográfico, que la han convertido en una de las figuras claves de la poesía anglosajona del s. XX. 

'Ahora estoy en un mundo de nieve.
Lejos de casa.
Qué blancas son estas sábanas.
Los rostros no tienen rasgos.
Son escuetos e insoportables, como los
de mis hijos,
esos pequeños enfermos que eluden
mis brazos.
Los demás niños tampoco me tocan.
Para mí, son seres terribles.
Tienen demasiados colores, demasiada
vida. Nunca están quietos,
callados, como este pequeño vacío que
llevo ahora dentro'.

Tres mujeres (fragmento).



Fotografía no fechada de Sylvia Plath. Autores: Giovanni Giovannetti/Grazia Neri. Fuente: Wikimedia Commons.


Los versos de Plath, que reflejan su compleja personalidad y su obsesión por la muerte, abordan temas como la enfermedad mental o sus tormentosas relaciones familiares.

'Morir es un arte, como todo.
Yo lo hago excepcionalmente bien.
Tan bien, que parece un infierno.
Tan bien, que parece de veras.
Supongo que cabría hablar de vocación'.

Lady Lazarus (fragmento).


'Tú ya no, tú ya no
me sirves, zapato negro
en el que viví treinta años
como un pie, mísera y blancuzca,
casi sin atreverme ni a chistar ni a mistar.
Papi, tenía que matarte pero
moriste antes de que me diera tiempo'.

Papi (fragmento).


De los poemarios de Sylvia Plath debemos destacar dos. Uno, El Coloso y otros poemas (1960), el único que la estadounidense pudo ver editado. Y el otro, Ariel (1965). La obra con la que Sivy conseguiría, por desgracia póstumamente, aquello por lo que tanto luchó desde que era una niña tan ambiciosa como frágil: el reconocimiento de su valía.

'En mí, el estar tendida es algo connatural.
Entonces el cielo y yo conversamos
abiertamente.
Y seguro que seré más útil cuando al fin
me tienda para siempre:
Entonces quizás los árboles me toquen
por una vez
y las flores, finalmente, tengan tiempo
para mí'.

Soy vertical (fragmento).

Los versos citados en esta reseña están incluidos en:

Plath, S. (2019). Soy vertical, pero preferiría ser horizontal. Poesía portátil. Penguin Random House Grupo Editorial. Barcelona.
 
Un librito ideal para aquellos que todavía no conozcan la obra de la autora.





BIBLIOGRAFÍA

ÁLVAREZ ARIAS, B. (2022). 'Soy vertical, pero preferiría ser horizontal'. Sylvia Plath. NoSoloTécnicaUPM.